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martes, 2 de septiembre de 2014

La depresión y un tal Leonard Cohen

El Correo Gallego nos publicó ayer este artículo:

LA LUZ DE LEONARD COHEN

Suele decirse que muchas de las canciones de este fantástico cantautor inducen a la depresión y a la autodestrucción, y en parte es cierto. De hecho, en los años setenta se le adjudicó un oscuro record que consistía en ser el músico que más suicidios “provocaba” (en los reproductores de vinilo de algunas personas que se habían quitado la vida por entonces aparecían con cierta frecuencia los discos del canadiense). Dicen sus biógrafos que Leonard pasó buena parte de su vida entrando y saliendo de severas depresiones hasta que una serie de retiros prolongados en monasterios zen lograron serenar su estado de ánimo. En sus canciones son frecuentes los versos que reflejan el sufrimiento y la desmoralización, pero también, sobre todo en la última parte de su obra, muchos otros que arrojan luz y calma sobre las tormentas emocionales.


                       

Los profesionales de la salud mental sabemos que el comportamiento base del paciente depresivo es la renuncia: dado que va a sufrir de todas formas, prefiere ya “ni siquiera intentarlo”. Podría parecer que un retiro “zen” como el de Cohen estaría en sintonía con esa idea de renuncia pero no es así. El afrontamiento de los propios infiernos, y la disciplina a la hora de hacerlo, son objetivos prioritarios en estos centros. Otra característica importante que aparece en bastantes ocasiones en los pacientes depresivos consiste en relegarse al papel de víctima que delega continuamente en los demás la tarea de hacerlos sentir bien. En este sentido hay que decir que el chantaje emocional puede llegar a ser devastador para la gente más cercana. Se suele observar una tercera cualidad que define el comportamiento del depresivo y es la de contar sus penas abiertamente a cualquiera o, por el contrario, encerrarse en un estrepitoso silencio (a Cohen le apodaron en el monasterio “el silencioso”). Cuando nos encontramos con estas dos últimas características entendemos que la terapia no sólo debe involucrar al paciente, sino a las personas que lo rodean. Normalmente, es eficaz guiar a los familiares para que proporcionen al depresivo un espacio prefijado donde concentrar sus lamentaciones (lo que se conoce como técnica del púlpito) para luego, fuera de dicho ritual terapéutico, evitar cualquier discurso relativo a sus quejas. En algunas personas también es posible optar por la alternativa de hacerlo por escrito, actividad que suele tener un gran poder terapéutico, en parte gracias al distanciamiento emotivo que se produce y que provoca a su vez el desbloqueo de recursos de la persona. Empezarán a tener sentido entonces palabras como las de san Francisco de Asís cuando decía que “un simple rayo de luz puede rasgar las tinieblas más tenebrosas”, o siendo un poco más modernos, podrán identificarse con el estribillo de ese “Himno” del depresivo cantautor canadiense que afirma que “hay una grieta en todo... Así es como entra la luz”.




jueves, 21 de agosto de 2014

Inseguridad

El martes El Correo Gallego nos publicaba este artículo:

LE ASEGURO QUE SOY INSEGURO

No deja de resultarme curiosa la paradójica seguridad con la que los pacientes expresan su inseguridad. A veces le añaden el adjetivo “crónico” que yo intento desmontar cuanto antes al sonarme como una especie de maldición que para quien cree en ella se convierte en una condena. Más allá de las discusiones terminológicas, el sufrimiento de quien se siente con frecuencia inseguro sobre sus decisiones y a menudo es incapaz de actuar en función de un objetivo está fuera de toda duda. Y aunque la inseguridad no pueda ser definida como una patología en sí misma, sí es cierto que cuando se generaliza y se convierte en incapacidad para decidir y actuar, se convierte en un grave problema para la persona que la padece.

La persona insegura siempre sobrevalora a los demás y la dificultad de lo que debe afrontar, mientras que infravalora sus propios recursos y potencialidades, por eso tiende a postergar la asunción de responsabilidades. La repetición de esa postergación incrementa la falta de autoestima y, en consecuencia, aumenta la sensación de impotencia de cara al mundo y a los demás. Una variante de este proceso es la de aquellos que muestran una exigencia obsesiva de valorar con antelación todas las posibilidades y eventuales efectos, para luego pasar a la acción únicamente cuando, mediante una lógica aplastante, se haya llegado a una especie de visión correcta y definitiva. En ambos casos los bloqueos vitales son continuos y les resulta muy difícil llevar adelante cualquier proyecto. Suelo observar como estos pacientes a su vez se vinculan siempre a personas que perciben como protectoras, generando una peculiar forma de dependencia.

                                           

Es necesario en cualquiera de estos casos provocar un “cortocircuito” en sus mecanismos de razonamiento. Una de las líneas de actuación es la que intenta que el “inseguro” acepte y ejecute ese precepto kantiano según el cual “no existe respuesta correcta a una pregunta incorrecta”, hasta llegar a romper su círculo vicioso de dudas paralizantes y respuestas que tratan de disiparlas pero que en realidad lo que hacen es crear más interrogantes imposibles de responder. Finalizada esta primera fase, tendrá que ir exponiéndose a pequeños riesgos y decisiones hasta que consiga confianza en sus propios recursos y pueda ver reforzada su autoestima... ¿Podría empezar así a no estar seguro de ser inseguro?

lunes, 21 de julio de 2014

Paranoico

Ayer El Correo Gallego nos publicaba un nuevo artículo. Pongo a continuación el original (hay algunas pequeñas variaciones respecto a la publicación en prensa).

LOS ENEMIGOS DE DROGO


Giovanni Drogo es el protagonista de la obra “El Desierto de los Tártaros” de Dino Buzzati. En la novela, este soldado, aislado en una fortaleza en los confines del desierto, se prepara para el posible ataque de unos enemigos (los tártaros) que nunca llegan ni llegarán, permaneciendo así atrapado de por vida en su vigilancia. El ejemplo literario nos conduce a un tipo de trastorno que en algunos manuales se conoce con el nombre de “paranoico”.


A grandes rasgos, e intentando simplificarlo todo un poco, podríamos decir que el fóbico teme lo que pueda ocurrir, que el obsesivo trata por todos los medios de controlarlo, que el compulsivo lo gestiona proféticamente con rituales, y que el paranoico está seguro de que ocurrirá algo malo que lo perseguirá inexorablemente. Por esta razón se defiende de manera preventiva del presagio funesto, pero habitualmente sin éxito alguno y anticipando el fracaso.


Es precisamente ese aspecto defensivo contra un enemigo imaginario lo que caracteriza la actitud y el comportamiento del paranoico, el cual, como es esperable, se crea enemigos por doquier. Lógicamente, las continuas manifestaciones de desconfianza o defensa agresiva acaban suscitando en los demás ese mismo tipo de respuestas (lo que se conoce como reacciones especulares).


Desde la psicoterapia breve estratégica se ha prescrito en los últimos años un tipo de intervención paradójica con estas personas que está dando muy buenos resultados. Se trataría de pedirles que salgan a diario durante un tiempo determinado, una hora por ejemplo, a buscar únicamente en los demás, señales de rechazo para después anotarlas en un cuaderno. Es realmente sorprendente la manera en que se rompe y se desbloquea la rigidez perceptiva y comportamental de estos pacientes al hacerlo, cuando aparentemente, la indicación que les damos debería, más bien, secundar sus creencias de rechazo. La persona acaba modificando, sin embargo, su interacciones con los demás, tanto a nivel de comportamiento verbal como no verbal, y ese cambio, repetido en el tiempo, le produce una nueva modalidad de percepción y de reacción de cara a sus relaciones sociales.

jueves, 17 de julio de 2014

Artículo en Psicología-Online

Os dejo el enlace a un artículo que nos publicó esta web especializada en psicología:
http://www.psicologia-online.com/autoayuda/articulos/2013/tu-propia-prision.html

lunes, 7 de julio de 2014

Artículo en El Correo Gallego

El domingo El Correo Gallego nos publicaba un nuevo artículo. El enlace está en nuestro facebook y twitter.

miércoles, 25 de junio de 2014

Sobre la bulimia (La condena de Sísifo)


El lunes El Correo Gallego nos publicó este artículo:

LA CONDENA DE SÍSIFO

Etimológicamente, el término bulimia significa “hambre de buey”. Quien padece este trastorno tiende a comer de manera desproporcionada e irregular, provocándose posteriormente el vómito para poder expulsar esa comida ingerida, y de algún modo, también la “sensación de culpa”. Con frecuencia, la vida de estas personas transcurre entre un atracón y otro, o bien entre intentos de ponerse a dieta y estrepitosas recaídas en los atracones. Como en la condena de Sísifo, el bulímico trata de empujar la enorme piedra ladera arriba para luego verla rodar de nuevo hasta el fondo (“empeñado en subir para luego bajar por pendientes imposibles” canta Ignacio González). Muchas veces, después de algunos intentos, la persona cede rindiéndose totalmente ante la comida, siendo esta la vía por la cual se convierten en obesos. Son demoledores los datos que nos dicen que más del ochenta por ciento de las personas sometidas a dieta terminan con sobrepeso evidente... ¿La conclusión es que “estar a dieta” engorda?


                              


Lo que es indudable es que el control obsesivo de la alimentación para mantener un peso constante o perderlo revela toda su carga paradójica en la pérdida total del control. La otra característica que está presente con frecuencia en los pacientes bulímicos es la sobrevaloración estética de los demás y la infravaloración de ellos mismos. Esto les empuja todavía más a ese control de la alimentación que referíamos. Lo más curioso de todo, es que siendo ésta, una explicación bastante conocida y aceptada en general, en la mayoría de los casos, las indicaciones médicas y psicológicas se centran en la toma de control de la situación, es decir, que se insiste en la solución que se ha convertido en problema. En los últimos años, desde la terapia sistémica se ha intentado cambiar este enfoque con resultados muy prometedores. Se propone lo que se llama la “dieta paradójica”, basándose en eliminar ese “control que hace perder el control”. A los pacientes se les prescribe comer lo que más les guste, pero única y exclusivamente durante las tres comidas, sin limitaciones de cantidad o calidad. Los atracones y el picoteo entre horas desaparecen, y aunque las comidas sean abundantes, la persona se da cuenta de que no aumenta de peso... y es más, al cabo de pocas semanas comienza a bajar, en cierto modo porque el deseo de alimentos prohibidos disminuye. Como decía Oscar Wilde: “a veces, la única manera de vencer una tentación es sucumbir a ella”.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Radio y prensa

Hoy miércoles haremos la última colaboración de la temporada con el programa "Caixón de Sastre" de Olga Vilar en Radio Obradoiro. Volveremos en septiembre...

Y además El Correo Gallego nos publica este artículo:
Podéis leerlo entero en nuestro facebook o en la edición digital del periódico.

jueves, 22 de mayo de 2014

Toma de conciencia

Esa actitud prepotente y altiva no me gusta nada... Me parece que tu nuevo puesto en la empresa te está confundiendo y no eres consciente del juego de roles al que estás jugando... Es bastante conocido, sobre todo a raíz de la película, el experimento que el psicólogo Philip Zimbardo realizó, hace años, con sus estudiantes de Stanford. ¿La has visto? Mejor. Recordarás entonces como los alumnos, progresivamente, se iban comportando como reos y guardias auténticos y a los que se les asignaba este último rol se acababan volviendo tan terriblemente autoritarios que incluso, en el experimento real, se tuvo que suspender la experiencia. Puede que a ti no te diga nada pero a muchos otros nos ha enseñado a reflexionar un poco sobre nuestro comportamiento. Creo que no es difícil ver que todo depende de la situación, de las circunstancias que nos ubican en un rol o en otro, en un grupo o en otro, para que se expliciten actitudes aparentemente contrarias: sumisas o sádicas, antisociales o humanitarias, democráticas o autoritarias, etc. Policías y ladrones, médicos y enfermos, psiquiatras y locos, dirigentes y dirigidos, guardias y presos... Son siempre dos caras de la misma moneda y ambos roles podrían ser asumidos por las mismas personas si la situación lo permitiese. Lo crucial es la toma de conciencia de los mecanismos que nos someten a la esclavitud de nuestra propia psicología. La realidad cotidiana nos enfrenta a diario a situaciones crudas y amargas en las que los roles son asumidos de un modo muy parecido al que describe Zimbardo. Dices que llevas poco tiempo en tu nuevo cargo pero en el mismo experimento se pone de manifiesto como los roles se aprenden y asumen de forma veloz. Además, la presión de determinadas situaciones y las creencias y expectativas de los demás sobre tu nuevo rol te llevarán a comportamientos extremos si no eres consciente del juego...

                                             

En la pieza de teatro “El balcón”, Jean Genet dibuja un cuadro magistral de lo que te estoy diciendo. Llegando al final de la obra, el protagonista dice textualmente: “Mi condición de juez es una emanación de tu condición de ladrona. Bastaría que te negases... pero no te lo aconsejo, negarte a ser lo que eres, lo que tú eres, y, por lo mismo, quién tú eres, y yo dejaría de existir... desaparecería, me evaporaría. Reventaría. Aniquilado. Negado... ¿Y luego?, ¿y luego? Pero tú no te negarás, ¿verdad? Tú no te negarás a ser una ladrona. ¡Esto sería terrible! ¡Criminal! ¡Tú me quitarías mi ser! Dime, mi pequeña, mi amor, ¡tú no te negarás!”

viernes, 16 de mayo de 2014

Estatismo y cambio

"Estoy un poco preocupada. El otro día en el hospital me pasaron un test de personalidad largísimo y al terminar, y tras analizar las respuestas, me dijeron que yo era una persona introvertida, un poco neurótica, amable (faltaba más, después de estar una hora y pico contestando sin rechistar…), cerrada a nuevas experiencias y poco responsable. Recuerdo algunas preguntas del tipo “¿usted es emocionalmente estable?” o “¿tiende a ser callado?” o “¿se preocupa habitualmente?”… y no sé, lo primero que venía a mi cabeza siempre era “pues depende”. Ahora pienso sobre los adjetivos con los que me han definido y digo, pues será verdad, seré todo eso que dicen."

                       

No estoy de acuerdo con eso..., y creo que tú misma tampoco. Eso que la gente llama personalidad alude a una constelación de imágenes y conceptos que una persona retiene profunda y tenazmente en la mente como representativos de sí misma. Aunque un individuo sea en realidad más semejante a un río que fluye continuamente, nos gusta concebirnos como entidades inmutables. Tendemos a creer que solo tenemos un yo, pero en la práctica poseemos muchos y muy diferentes conceptos e imágenes de nosotros mismos como disponemos de contextos sociales con los que identificarnos. E incluso dentro de un solo contexto no siempre somos consecuentes. Puede ser muy perturbador pensar y obtener pruebas de nuestra propia inconsecuencia pero también es un buen punto de partida para cambiar muchas conductas anquilosadas. No le hagas ni caso a lo que te han dicho. Lo que más me preocupa de utilizar esos test de personalidad es la necesidad que parece haber en la sociedad actual de definir a la gente de forma que sepamos cómo van a actuar en cada momento. El objetivo no debería ser que una persona establezca un yo sólido y previsible. La meta es que ese individuo se torne fluido, flexible, espontáneo… Debemos cambiar el estatismo y la inmovilidad por el proceso y el cambio.

lunes, 12 de mayo de 2014

Nuevo artículo para El Correo gallego

HAZ LO QUE HARÍA YO

“Es una terca y punto, no hay otra explicación. Mira que le he contado cantidad de veces mi experiencia y nada, ni caso. Hace siempre lo que le da la gana. Eso me frustra un montón, la verdad... Con cualquiera, pero sobre todo en el caso de Laura. La quiero y la admiro muchísimo, y sé que como siga sin hacerme caso va a terminar con un gran problema. Supongo que ella no se da cuenta de nada porque sino es que no lo entiendo...”

Tendemos a atribuir a los demás nuestras percepciones y convicciones... Y esperamos de ellos nuestras mismas acciones y reacciones... Luego la realidad se encarga de devolvernos a nuestros infiernos particulares... Es habitual que nos hagamos una idea férrea de lo que es “bueno” o “malo” en la vida porque ha demostrado ser beneficioso o perjudicial para nosotros (y para algún otro, en ocasiones), y nos suele costar mucho imaginar otros modelos alternativos de pensar y gestionar el día a día. Frente al comportamiento diferente de los demás, y sobre todo cuando es de alguien en quien hemos depositado mucha confianza, entramos en una considerable crisis. La situación se vuelve trágica cuando hablamos de decisiones importantes o al vernos ante situaciones de gran implicación afectiva. En estos casos, además de la desilusión, no nos suele quedar más remedio que afrontar también los efectos indeseados de las acciones basadas en expectativas equivocadas. Por desgracia, esta manera de comportarnos se extiende a casi todas las esferas de nuestra existencia y suele ser fuente de estados depresivos o de reacciones de rabia y agresividad. Para salir de este bucle es necesario que nos empecemos a plantear una actitud mental más abierta y menos dogmática que intente observar la realidad a través de la mirada de los demás, y no sólo de quien se encuentra más cerca de nosotros. Pero sobre todo, y aunque como digo habitualmente, siempre es más fácil decirlo que hacerlo, tendremos que evitar aferrarnos a la propia perspectiva como si fuese la única y la mejor. La tarea, en efecto, no es fácil. Nuestra mente necesita muy poco para redirigirse de nuevo a esquematizaciones rígidas.

viernes, 9 de mayo de 2014

Trastorno Paranoide de la Personalidad

En 1894, Freud, describió por primera vez el mecanismo defensivo de la proyección. Adolf Meyer introdujo el diagnóstico de carácter paranoide, refiriéndose a aquella persona con incapacidad para adaptar sus creencias a los hechos, tendencia al aislamiento y oposición a los intentos que hacen los demás para corregir sus interpretaciones erróneas de los acontecimientos. Kraepelin en 1921 hace un descripción de las características básicas de este tipo de personalidad que sigue vigente en la actualidad. Esa descripción se materializa en los manuales como una "desconfianza y suspicacia en general desde el comienzo de la vida adulta, de forma que la intenciones de los demás son interpretadas como maliciosas, y que aparecen en diferentes contextos".
Autores como Kretschmer consideraron que se podía diferenciar entre dos tipos de personalidad paranoide; una afirmativa y litigante, y otra sensitiva y "sufriente", en la que predominaría la hipersensibilidad, el rencor y el sentimiento de ser tratado desconsideradamente. Esta última modalidad sería la que acompaña (o más bien antecede) a los episodios depresivos que vemos frecuentemente asociados a este trastorno.


Entre las explicaciones más aceptadas sobre este patrón de comportamiento, están las que sugieren que ciertas experiencias de abandono, rechazo o abuso en la primera infancia son las causantes de este trastorno, al provocar en el niño sentimientos de vulnerabilidad e inferioridad que con el paso del tiempo se intentan compensar mediante el mecanismo de defensa de la proyección... Ese que Freud describió por primera vez en 1894...

viernes, 2 de mayo de 2014

Eso del sexo...

Aunque el placer sexual está mucho más aceptado que en tiempos de Freud, las inhibiciones en torno a la libertad y la felicidad en la sexualidad no han desaparecido. Tal vez han sido complementadas por una actitud de indulgencia, pero las inhibiciones descritas por Freud persisten. El problema principal suele ser la falta de integración de la sexualidad en la vida de algunas personas. Ven la sexualidad como un “ello”, como algo separado que amenaza el resto de su persona. Recuerdo, en las prácticas de la carrera, haber estudiado el caso de un paciente, educado en el estricto entorno de una familia católica, que acudía a terapia tras varios retiros voluntarios en monasterios, y que insistía permanentemente en el hecho de que él podía dejar el sexo cuando quisiera, que no sentía ningún tipo de impulso al respecto. Por debajo de estas afirmaciones, nos aclaraba el profesor, estaba su deseo de integrar su sexualidad, y sus miedos a que tal integración fuera imposible, ya que “su naturaleza animal le abrumaría si él le diese la oportunidad”. Recuerdo que el paciente relataba sueños en el que la iglesia de su familia era invadida por juerguistas que bailaban, bebían y practicaban sexo en lugares sagrados. También fantaseaba con supuestos encuentros con desconocidas en los que practicaba diversos tipos de dominación con claros tintes sadomasoquistas. Quería mostrar, decía, lo peligroso que podía ser para él, dar rienda suelta a su imaginación erótica.


Paradójicamente, examinar su mundo sexual y meditar sobre él sin ningún tipo de inhibición, fue la única manera de no quedarse atascado allí. Poco a poco, dejó de sentir tanta vergüenza por sus deseos eróticos, éstos tomaron su lugar natural, y fue capaz de seguir adelante con su vida familiar y laboral. Creo que su caso podría ser una lección para muchos grupos religiosos, tanto de Oriente como de Occidente, que ya han tenido que aprender más de una vez. Ignorar el instinto sexual sólo sirve para fortalecerlo, como testifican los escándalos sexuales que han hecho zozobrar a muchos grupos espirituales y a sus líderes. Debemos tener claro que si bien el sexo no puede ser ignorado, es posible ponerlo en su lugar. Y es que la sexualidad sólo es una amenaza cuando no está integrada con normalidad en la vida de una persona.

De nuevo en El Correo Gallego

El Correo Gallego nos publica hoy este artículo...

miércoles, 16 de abril de 2014

Y vuelve la calma

Estabas rabiosa y no conseguía ayudarte. No sabía qué hacer. Quería entenderte. Captar tu mundo sin robarte nada. Porque robar supone apoderarse de algo. Y yo no buscaba eso. Intentaba convertirme en ti sin obligarte a que tú te convirtieras en mí. Es así como empecé a poder ver a través de tus ojos y a sentir como tú. Y ese fue el principio de todo lo que pasó después. Entendiste que el sufrimiento procedía de nuestra implicación en la defensa del yo... y que en realidad no había ninguna posición que defender. En el mismo momento en que empezaste a abandonar esa defensa, simultáneamente se alejó el padecimiento mental… Cualquiera que quiera dedicarse a la terapia debe empezar por aquí. Sin este paso nunca podrá llegar a empatizar con la persona que tiene delante, y por tanto, no podrá ayudarla.Empatizar es hablar y actuar con una intuición precisa del mundo de otro individuo como es visto, sentido y entendido desde dentro. Significa conocer el sufrimiento de una persona como propio sin perder libertad o saber en el proceso. La compresión es distinta de la identificación ordinaria, que es la que sucede cuando nuestro ego se implica, buscando algo para sí. La comprensión implica aceptación incondicional y es intrínsicamente terapéutica. Como escribió Rogers, el fundador de la terapia centrada en la persona: “Hallarse con otro de esta manera significa que por el momento usted deja a un lado sus propios valores y opiniones con objeto de penetrar en el mundo del otro sin prejuicios. En algún sentido, supone dejarse al margen a uno mismo”.

                                        

Todos podemos ser (y somos) un poco terapeutas en nuestra vida cotidiana. La primera reacción, y más cuando estamos envueltos en una situación con mucha carga emocional, suele ser negativa: “Yo no puedo aguantarte”, “hay gente que se entiende y otra que no”, “vete a darle el coñazo a otro”, etc... Aunque nos parezca que no, contamos con una facultad de comprender a otros mucho mayor de la que sospechamos. Lo primero es aprender a escuchar. Simplemente con una escucha activa, se desencadena en la mente de la otra persona un poderoso proceso de transformación. El mismo Rogers, después de sus trabajos sobre los problemas raciales en los Estados Unidos, señalaba que incluso la rabia necesitaba ser escuchada. Y eso no significaba que sencillamente bastara con ser oída. Tenía que ser aceptada, asumida y entendida. Solo así empezaba a disolverse. Y volvía la calma.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La navaja de Ockham

“Lo tengo más que comprobado. No me mira a los ojos cuando entra por la mañana en el despacho porque lo sabe todo. Tiene medios técnicos muy sotisficados y un montón de personal a su alrededor que le cuentan mis cosas…”



Una vez bien atrincheradas, las teorías y explicaciones que damos a lo que nos ocurre, son muy difíciles de desalojar. Del mismo modo que Ptolomeo añadió epiciclo sobre epiciclo para salvar su teoría de la órbita planetaria, los demás también tendemos a embellecer y adornar cualquier teoría o explicación para convencer a otros (y sobre todo a nosotros mismos) de su valía y acierto.


Recuerdo el experimento que un profesor de la facultad nos contó en su clase hace ya algunos años sobre dos individuos, llamémosles José y Paco, a los que se les pedía que intentaran reconocer, por el método de ensayo y error, la diferencia en el aspecto físico entre ratones sanos y ratones enfermos. Naturalmente, ni Paco ni José eran biólogos ni habían estudiado nada sobre el tema. Cada uno de ellos debía responder “sano” o “enfermo” a las diapositivas que se le iban enseñando. Se les comunicaba que cada vez que se encendiera una luz que había en su mesa significaría que habían respondido correctamente. La realidad era que sólo las respuestas correctas de José eran indicadas con la señal luminosa. Paco, que estaba al otro lado de la habitación y que veía las mismas diapositivas y en el mismo orden, recibía la señal luminosa aleatoriamente, es decir, que lo que respondía no tenía ningún efecto sobre su señal luminosa. Posteriormente, cuando se les pedía que explicasen su “teoría del aspecto físico de los ratones enfermos”, la de José resultaba ser sencilla, concisa y directa. Las ideas de Paco, por el contrario, eran complejas, intrincadas y sumamente elaboradas… Pero lo más curioso del caso es que José quedaba totalmente impresionado por la “brillantez” de la explicación de Paco y cuando se le pidió repetir la prueba en un segundo intento, su actuación pasó a ser considerablemente peor que en la primera, presumiblemente por la influencia de las abstrusas y ptolemaicas ideas de Paco… En realidad, no creo que hiciese falta ninguna investigación formal para darnos cuenta de que nos dejamos impresionar más fácilmente por los galimatías que no entendemos que por las simples observaciones y deducciones que entendemos. Al final, casi siempre preferimos las hipótesis peludas al afeitado con la cuchilla de Ockham.  

lunes, 17 de marzo de 2014

Otras Tierras

“Es inútil, chico. Nunca podrás dedicarte a la música. No tienes talento. Hay gente que nace con ese don y hay otra gente que no. Es así. No hay que darle más vueltas. Búscate un trabajo y olvida ya todo ese mundillo. Y cuanto antes mejor. Ya va siendo hora de que aportes algo a tu familia...”



El chico escuchó. El chico miró al suelo. El chico asintió. El músico olvidó la música y la música se olvidó del músico. Desterrado del reino prohibido, bajó de nuevo a la tierra.



Es tan grande la fuerza del prejuicio clavado en las mentes que atribuye el desarrollo intelectual del hombre a fuentes internas, que induce a considerar ese desarrollo con la cabeza gacha... La condición para la formación de aptitudes científicas no sería la asimilación de las adquisiciones de la ciencia, sino que esta asimilación estaría condicionada por las aptitudes científicas. La condición para el desarrollo del talento artístico no sería la asimilación del arte, sino que la adquisición del arte estaría condicionada por el talento artístico. Con frecuencia se recurre a los hechos que muestran la aptitud de unos y la completa ineptitud de otros para tal o cual actividad. Ni siquiera se busca la fuente de estas aptitudes, y existe la costumbre de tomar el carácter espontáneo de su aparición como una cosa innata. Nada más lejos de la realidad. Contamos cada vez con más pruebas que nos indican que las aptitudes y en particular aquéllas cuya índole está muy oculta, como por ejemplo las aptitudes musicales, aparecen en el curso de la vida. Tal es lo que refleja la experiencia consistente en proporcionar una educación musical temprana a un gran conjunto de niños no seleccionados antes. Éxito en proporciones enormes. Y tal es la experiencia a la que se aplicaba, por ejemplo, Kravets en la escuela musical para niños de Moscú. Análogos resultados obtuvo en Japón el pedagogo y psicólogo Sudzuki, quien comenzó a mediados del sigo pasado a efectuar un trabajo experimental sistemático con un montón de niños pequeños. La orquesta que acabó formando se componía de mil pequeños violinistas...

El problema no consiste, por tanto, en las aptitudes de las personas para asimilar la conducta humana. El problema, como decía hace ya muchos años el gran psicólogo soviético Alexei Leontiev, “es más bien que cada persona obtenga la posibilidad práctica de tomar el camino de un desarrollo ilimitado... Y este objetivo necesita un sistema de enseñanza que asegure un desarrollo multilateral y armonioso, y que dé a cada cual la posibilidad de participar, de un modo creador, en todas las manifestaciones de la vida humana”.



El chico reflexionó. El chico levantó la cabeza. El chico asintió. Cogió su guitarra y puso rumbo al reino prohibido, dejando atrás las Tierras (¿de Wert?).

jueves, 13 de marzo de 2014

Las paradojas de la psicología

Dejo aquí el artículo que me publicó la semana pasada El Correo Gallego en su versión completa (la prensa siempre exige unos límites de espacio):

Mi escuela es la mejor

Existe una comprensible, aunque no excusable tendencia a sobrevalorar el éxito del tipo de terapia que uno generalmente utiliza en su consulta, pero la realidad es que la historia de la psicología y de la psiquiatría están llenas de “curaciones felices” que no han podido sobrevivir a un examen más detenido. ¿Es acaso del todo realista basar la propia aceptación de una terapia en la división, seguramente parcial, por parte del clasificador de los sujetos en las categorías de “curados”, “muy mejorados” y “sin ninguna mejoría”?

La psicología nos ha enseñado que aunque pensemos que estamos hablando de otra cosa, en realidad es muy posible que estemos hablando de nosotros mismos. Mostrando cómo hablamos de una terapia estamos mostrando también cómo somos, y no sólo como profesionales, sino también como personas. Sería muy positivo que, no sólo como psicólogos, sino también como seres humanos, intentáramos escuchar más y buscáramos con mayor ahínco la integración en lugar de la exclusión. No deja de resultar paradójico que una disciplina que, dicho con un lenguaje u otro, trata de ayudar a las personas a ver lo limitado de su concepción del mundo y lo innecesariamente estrecho de los márgenes entre los que su conducta tiene lugar, tenga tantas dificultades para tratar estas mismas limitaciones en sí misma. Es probable que esta situación tenga que ver con el modo en que se han desarrollado y se desarrollan las distintas escuelas y técnicas de psicoterapia: una figura fundacional con cierta originalidad y algo de carisma alrededor de la cual se agrupan sus seguidores, se crean criterios de pertenencia al grupo y se trata al nuevo pensamiento original como herético y al viejo como erróneo y desfasado. Podríamos pensar que una gran responsabilidad de todo esto es de esas figuras fundacionales a las que nos referíamos, sin embargo, si leemos a los grandes autores en sus obras originales percibimos una mayor apertura de mente que la que se ve en la lectura que de su propia obra propone su escuela: Skinner (conductista) cita a Freud en numerosas ocasiones con acierto y respeto, Maslow (humanista) se desmarca de antifreudianos y anticonductistas, Bateson (sistémico) combina crítica y reconocimiento al hablar del psicoanálisis...Y es que lo malo no es no poder ver más allá de un límite sino excluir lo que otros, desde otras perspectivas, han visto.




viernes, 7 de marzo de 2014

Artículo en El Correo Gallego y Conferencia en Santa Marta.

Nuevo artículo en El Correo Gallego, esta vez sobre la estrechez de miras de ciertos sectores de la psicología:
http://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/andres-sampayo-escuela-es-mejor/idEdicion-2014-03-07/idNoticia-856628/



Por otro lado, como había anunciado en algún post anterior, mañana sábado daré una pequeña charla-conferencia en el centro sociocultural de Santa Marta sobre los miedos y prejuicios que aún existen a la hora de acudir al psicólogo. Será a las doce y media de la mañana y la entrada es libre.