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martes, 2 de septiembre de 2014

La depresión y un tal Leonard Cohen

El Correo Gallego nos publicó ayer este artículo:

LA LUZ DE LEONARD COHEN

Suele decirse que muchas de las canciones de este fantástico cantautor inducen a la depresión y a la autodestrucción, y en parte es cierto. De hecho, en los años setenta se le adjudicó un oscuro record que consistía en ser el músico que más suicidios “provocaba” (en los reproductores de vinilo de algunas personas que se habían quitado la vida por entonces aparecían con cierta frecuencia los discos del canadiense). Dicen sus biógrafos que Leonard pasó buena parte de su vida entrando y saliendo de severas depresiones hasta que una serie de retiros prolongados en monasterios zen lograron serenar su estado de ánimo. En sus canciones son frecuentes los versos que reflejan el sufrimiento y la desmoralización, pero también, sobre todo en la última parte de su obra, muchos otros que arrojan luz y calma sobre las tormentas emocionales.


                       

Los profesionales de la salud mental sabemos que el comportamiento base del paciente depresivo es la renuncia: dado que va a sufrir de todas formas, prefiere ya “ni siquiera intentarlo”. Podría parecer que un retiro “zen” como el de Cohen estaría en sintonía con esa idea de renuncia pero no es así. El afrontamiento de los propios infiernos, y la disciplina a la hora de hacerlo, son objetivos prioritarios en estos centros. Otra característica importante que aparece en bastantes ocasiones en los pacientes depresivos consiste en relegarse al papel de víctima que delega continuamente en los demás la tarea de hacerlos sentir bien. En este sentido hay que decir que el chantaje emocional puede llegar a ser devastador para la gente más cercana. Se suele observar una tercera cualidad que define el comportamiento del depresivo y es la de contar sus penas abiertamente a cualquiera o, por el contrario, encerrarse en un estrepitoso silencio (a Cohen le apodaron en el monasterio “el silencioso”). Cuando nos encontramos con estas dos últimas características entendemos que la terapia no sólo debe involucrar al paciente, sino a las personas que lo rodean. Normalmente, es eficaz guiar a los familiares para que proporcionen al depresivo un espacio prefijado donde concentrar sus lamentaciones (lo que se conoce como técnica del púlpito) para luego, fuera de dicho ritual terapéutico, evitar cualquier discurso relativo a sus quejas. En algunas personas también es posible optar por la alternativa de hacerlo por escrito, actividad que suele tener un gran poder terapéutico, en parte gracias al distanciamiento emotivo que se produce y que provoca a su vez el desbloqueo de recursos de la persona. Empezarán a tener sentido entonces palabras como las de san Francisco de Asís cuando decía que “un simple rayo de luz puede rasgar las tinieblas más tenebrosas”, o siendo un poco más modernos, podrán identificarse con el estribillo de ese “Himno” del depresivo cantautor canadiense que afirma que “hay una grieta en todo... Así es como entra la luz”.




jueves, 21 de agosto de 2014

Inseguridad

El martes El Correo Gallego nos publicaba este artículo:

LE ASEGURO QUE SOY INSEGURO

No deja de resultarme curiosa la paradójica seguridad con la que los pacientes expresan su inseguridad. A veces le añaden el adjetivo “crónico” que yo intento desmontar cuanto antes al sonarme como una especie de maldición que para quien cree en ella se convierte en una condena. Más allá de las discusiones terminológicas, el sufrimiento de quien se siente con frecuencia inseguro sobre sus decisiones y a menudo es incapaz de actuar en función de un objetivo está fuera de toda duda. Y aunque la inseguridad no pueda ser definida como una patología en sí misma, sí es cierto que cuando se generaliza y se convierte en incapacidad para decidir y actuar, se convierte en un grave problema para la persona que la padece.

La persona insegura siempre sobrevalora a los demás y la dificultad de lo que debe afrontar, mientras que infravalora sus propios recursos y potencialidades, por eso tiende a postergar la asunción de responsabilidades. La repetición de esa postergación incrementa la falta de autoestima y, en consecuencia, aumenta la sensación de impotencia de cara al mundo y a los demás. Una variante de este proceso es la de aquellos que muestran una exigencia obsesiva de valorar con antelación todas las posibilidades y eventuales efectos, para luego pasar a la acción únicamente cuando, mediante una lógica aplastante, se haya llegado a una especie de visión correcta y definitiva. En ambos casos los bloqueos vitales son continuos y les resulta muy difícil llevar adelante cualquier proyecto. Suelo observar como estos pacientes a su vez se vinculan siempre a personas que perciben como protectoras, generando una peculiar forma de dependencia.

                                           

Es necesario en cualquiera de estos casos provocar un “cortocircuito” en sus mecanismos de razonamiento. Una de las líneas de actuación es la que intenta que el “inseguro” acepte y ejecute ese precepto kantiano según el cual “no existe respuesta correcta a una pregunta incorrecta”, hasta llegar a romper su círculo vicioso de dudas paralizantes y respuestas que tratan de disiparlas pero que en realidad lo que hacen es crear más interrogantes imposibles de responder. Finalizada esta primera fase, tendrá que ir exponiéndose a pequeños riesgos y decisiones hasta que consiga confianza en sus propios recursos y pueda ver reforzada su autoestima... ¿Podría empezar así a no estar seguro de ser inseguro?

lunes, 14 de julio de 2014

HELP! (I need somebody)

El cuadro que presenta una persona deprimida puede ser muy variado en cuanto a sus síntomas y también en cuanto a su evolución temporal. En algunos casos se trata de formas episódicas y en otros se trata de un estado de síntomas permanente. También puede variar su gravedad: desde estados más bien leves hasta aquellos en los que pueden llegar a existir deseos de suicidio. Pero en general, cualquier persona deprimida es probable que presente un conjunto de signos y síntomas que se pueden reducir a cinco grandes núcleos:
-Síntomas anímicos: La tristeza es el síntoma por excelencia de la depresión.
- Síntomas motivacionales: Uno de los aspectos subjetivos más dolorosos para las personas deprimidas es el estado de inhibición en que se hallan. La anhedonía -o disminución en la capacidad de disfrute- es el otro "gran síntoma"
- Síntomas cognitivos: La memoria, la atención y la capacidad de concentración pueden llegar a resentirse drásticamente.
- Síntomas físicos: Suele ser uno de los motivos por los que se solicita ayuda. Uno de los más habituales es el relacionado con el sueño.
- Síntomas interpersonales: Es una de las áreas más descuidadas en la evaluación y en el tratamiento, y sin embargo una de las claves para la recuperación.


miércoles, 2 de abril de 2014

Aún puedes elegir

Pues sí... Soy madre de un niño de dos años al que dejo cada día a las siete y media de la mañana en la guardería, trabajo nueve horas de lunes a viernes en una empresa a cuarenta kilómetros de mi casa y también me encargo de todas las labores domésticas porque no me llega el sueldo para pagarle a alguien que me lo haga. También intento pasarme un ratito cada día por el piso de mi madre para comprobar que está bien y llevarle de paso algunas cosas. Mi marido trabaja fuera y sólo viene los fines de semana y la verdad es que a veces pienso que casi sería mejor que no lo hiciera... Creo que me da más trabajo del que me ahorra... Estoy saturada. Llevo un año viviendo así. Al principio lo llevaba bien pero ahora tengo la sensación de estar al limite. Ya no aguanto más. Voy a explotar... ¿Cómo? ¿Le parece que estoy estresada? Qué va, vaya cosas se le ocurren...



Nadie es responsable de no disponer de más recursos externos (sociales y económicos) para afrontar las situaciones que nos toca vivir, pero sí podemos analizar el porqué no poseemos más recursos internos, o incluso cuál es la razón de a lo mejor sí tenerlos y sin embargo haberlos dejado de utilizar hasta llegar a creer que ya no disponemos de ellos. Siempre es más fácil y más cómodo echarle la culpa a lo externo que a lo propio, pero también es mucho menos constructivo y reparador. Volver a crear una actitud mental positiva, desarrollar la conciencia de uno mismo (hasta dónde puedo llegar y cuáles son mis límites), trabajar el autocontrol, marcarse objetivos realistas y alcanzables, volver a cuidarse física y psíquicamente... Aún puedes elegir. Hoy puede ser un buen día para ello. Las terapias motivacionales suelen resultar muy efectivas para poder dar esos primeros pasos que tanto cuestan a cualquiera y lo que es más importante, para mantener después la constancia y perseverar en la autodisciplina.