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martes, 20 de mayo de 2014

Trastorno de la Tourette

La primera vez que se hace referencia a algo parecido a lo que hoy conocemos como Trastorno de la Tourette es en el Malleus Maleficarum (manual de la Inquisición). Una de las primeras descripciones del cuadro fue realizada por Itard en 1825. Sesenta años después fue descrito por Gilles de la Tourette.


El trastorno se caracteriza por múltiples tics motores y/o vocales. Las manifestaciones son muy variables y cambiantes. Suele aparecer la famosa coprolalia (uso de palabras obscenas), exhibicionismo, conducta autodestructiva, actividad sexual inadecuada, conducta antisocial y un comportamiento obsesivo. Asociados al trastorno suelen ocurrir comportamientos de tipo hiperactivo e impulsivo, dificultades de aprendizaje, agresividad, ansiedad, excesiva autoobservación y humor depresivo.


                                              


Desde modelos psicoanalíticos se entiende como la manifestación observable de un conflicto entre la gratificación de impulsos instintivos y la defensa contra los mismos, y desde modelos conductuales se habla de respuestas condicionadas de evitación que se mantienen mediante reforzadores contingentes


Uno de los modelos más en boga actualmente es de Azrin y Jun, que consideran que los tics son reacciones antes un trauma físico o emocional. El trauma pasa a ser inconsciente y se convierte en un hábito automático que escapa a la conciencia, lo que facilita su mantenimiento.


viernes, 25 de abril de 2014

Pánico

Las personas que sufren ataques de pánico recurrentes tienen una tendencia a interpretar de forma errónea y catastrófica las sensaciones corporales que experimentan. La interpretación de esas sensaciones produce una elevación de la ansiedad que a su vez aumenta la atención a las sensaciones físicas iniciales, generándose así un círculo vicioso que acaba desembocando en el ataque de pánico


                                          

En la terapia, el objetivo de la exposición interoceptiva, lo mismo que en el caso de la exposición a los estímulos fóbicos externos, no es otro que el poder debilitar la asociación entre las señales corporales específicas y las reacciones de pánico.

                                        

Otro punto importante serán las recomendaciones que le demos al paciente de cara a abandonar las llamadas “conductas de seguridad”, que son aquellos comportamientos que el sujeto lleva a cabo para contrarrestar las sensaciones corporales y evitar la catástrofe que está anticipando. Ejemplos de este tipo de conducta son el agarrarse con fuerza a un amuleto, cerrar los ojos con fuerza repitiéndose alguna frase, movimientos estereotipados, beber, fumar, uso de drogas... Si permitimos estas conductas no podremos lograr el cambio cognitivo que buscamos ya que reducirán momentáneamente la ansiedad pero mantendrán las creencias distorsionadas, actuando de forma similar a las compulsiones en los pacientes obsesivos.

miércoles, 16 de abril de 2014

Y vuelve la calma

Estabas rabiosa y no conseguía ayudarte. No sabía qué hacer. Quería entenderte. Captar tu mundo sin robarte nada. Porque robar supone apoderarse de algo. Y yo no buscaba eso. Intentaba convertirme en ti sin obligarte a que tú te convirtieras en mí. Es así como empecé a poder ver a través de tus ojos y a sentir como tú. Y ese fue el principio de todo lo que pasó después. Entendiste que el sufrimiento procedía de nuestra implicación en la defensa del yo... y que en realidad no había ninguna posición que defender. En el mismo momento en que empezaste a abandonar esa defensa, simultáneamente se alejó el padecimiento mental… Cualquiera que quiera dedicarse a la terapia debe empezar por aquí. Sin este paso nunca podrá llegar a empatizar con la persona que tiene delante, y por tanto, no podrá ayudarla.Empatizar es hablar y actuar con una intuición precisa del mundo de otro individuo como es visto, sentido y entendido desde dentro. Significa conocer el sufrimiento de una persona como propio sin perder libertad o saber en el proceso. La compresión es distinta de la identificación ordinaria, que es la que sucede cuando nuestro ego se implica, buscando algo para sí. La comprensión implica aceptación incondicional y es intrínsicamente terapéutica. Como escribió Rogers, el fundador de la terapia centrada en la persona: “Hallarse con otro de esta manera significa que por el momento usted deja a un lado sus propios valores y opiniones con objeto de penetrar en el mundo del otro sin prejuicios. En algún sentido, supone dejarse al margen a uno mismo”.

                                        

Todos podemos ser (y somos) un poco terapeutas en nuestra vida cotidiana. La primera reacción, y más cuando estamos envueltos en una situación con mucha carga emocional, suele ser negativa: “Yo no puedo aguantarte”, “hay gente que se entiende y otra que no”, “vete a darle el coñazo a otro”, etc... Aunque nos parezca que no, contamos con una facultad de comprender a otros mucho mayor de la que sospechamos. Lo primero es aprender a escuchar. Simplemente con una escucha activa, se desencadena en la mente de la otra persona un poderoso proceso de transformación. El mismo Rogers, después de sus trabajos sobre los problemas raciales en los Estados Unidos, señalaba que incluso la rabia necesitaba ser escuchada. Y eso no significaba que sencillamente bastara con ser oída. Tenía que ser aceptada, asumida y entendida. Solo así empezaba a disolverse. Y volvía la calma.

viernes, 11 de abril de 2014

Ataque de pánico

Las personas que sufren ataques de pánico recurrentes tienen una tendencia a interpretar de forma errónea y catastrófica las sensaciones corporales que experimentan. La interpretación de esas sensaciones producen un aumento de la ansiedad que a su vez aumentan las sensaciones físicas iniciales, generándose así un círculo vicioso que acaba desembocando en el ataque de pánico.



 Es importante en toda terapia un componente psicoeducativo en el que podamos explicarle al paciente qué es lo que le está ocurriendo así como ponerle ejemplos de esos círculos viciosos a los que nos referíamos.