Agradecido a la Asociación Teenses Pola Igualdade. Fueron dos horas de charla y aún así se quedó corta.
jueves, 16 de abril de 2015
martes, 14 de abril de 2015
Volver (con la frente marchita)
Puede que hayan sido mis vivencias como psicoterapeuta (y especialmente aquello que me han enseñado cada una de las personas a las que he atendido durante estos años) lo que me ha hecho entender que la duración de la vida no posee, en todos los casos, la exclusiva prioridad que habitualmente le otorgamos. Y es que también la calidad de vida o incluso la oportunidad de la muerte pueden constituir un valor.
Tengo la sensación de que a medida que la medicina progresa (o más bien la farmacología y su poder anestésico), en su capacidad de aliviar los síntomas que nos llevan a pedir ayuda, va quedando cada vez más relegada e insatisfecha la antigua y fundamental pregunta con la cual la enfermedad siempre nos enfrenta: ¿por qué ha sucedido? La idea de “combatir” una depresión (o el trastorno/enfermedad que queramos), que está implícita en muchas actuaciones médicas, suele pasar por alto la función que cumple esa enfermedad en relación con los sistemas en los cuales se integra. No se trata solamente de considerar la integración del estómago en el sistema digestivo o del sistema digestivo en el hombre entero: se trata, además, de considerar la integración del hombre mismo en el sistema familiar, y en el sistema social. Es necesario tener en cuenta y no olvidar algo que ya he dicho alguna que otra vez en esta columna de opinión, y es que la enfermedad es la solución que el enfermo ha encontrado, y que su desaparición, por sí sola, restablece el problema. La actitud habitual frente al trastorno puede resumirse en la expresión “¡fuera con eso cuanto antes!”(tómate esta pastilla, olvídate de que te duele y sigue con tu vida) Y en realidad podría y debería ser reemplazada por otra acorde con el pensamiento del tipo “sí, pero no así, sino de alguna otra manera”.
Creo que el peñón más abrupto de nuestra “profesión imposible” es el hecho de que el paciente “enfermo”, que busca un tratamiento, está motivado por la idea de “volver” a un estado anterior (“quiero volver a estar como estaba...”). Pero la enfermedad o el trastorno mental, como toda pérdida de inocencia, es siempre irreversible en cierto modo, y la salud sólo puede provenir de un doloroso progreso (no retroceso), que es totalmente opuesto a la ilusión de “volver”.

lunes, 13 de abril de 2015
Artículo en El Correo Gallego
Ayer domingo El Correo Gallego me publicaba un nuevo artículo:
http://www.elcorreogallego.es/opinion/firmas/ecg/profesion-imposible/idEdicion-2015-04-12/idNoticia-925917/
http://www.elcorreogallego.es/opinion/firmas/ecg/profesion-imposible/idEdicion-2015-04-12/idNoticia-925917/
jueves, 9 de abril de 2015
Conferencia para Teenses Pola Igualdade
Os recuerdo que el lunes 13 de abril a las 20 horas estaré en el local de la Asociación Teenses Pola Igualdade charlando sobre las nuevas adicciones relacionadas con Internet.
martes, 7 de abril de 2015
Una nueva historia
La historia que me contarás, como ocurriría con cualquier
otra historia que se pudiera narrar, no puede ser la interpretación definitiva
de la vida de una persona. Mientras me vayas contando, mientras vayamos
dialogando, mientras me vayas haciendo entender el significado del trastorno o del
problema que pretendes hacerme llegar, el significado de tu historia irá cambiando.
La próxima vez que volvamos sobre “los mismos años”, sobre "las mismas personas" o sobre "los mismos hechos”, inevitablemente serán otros años, otras personas y
otros hechos.
lunes, 6 de abril de 2015
Psicología en todos los procesos educativos
El Conservatorio Superior introduce la psicología... ¿Y por qué no en primaria, secundaria y bachillerato?
http://www.farodevigo.es/gran-vigo/2015/04/05/conservatorio-superior-introduce-psicologia/1214422.html
http://www.farodevigo.es/gran-vigo/2015/04/05/conservatorio-superior-introduce-psicologia/1214422.html
miércoles, 1 de abril de 2015
Las otras
Desde el punto de vista del paciente y de los sistemas sanitarios, la existencia y abundancia de diferentes terapias psicológicas eficaces es una buena noticia. En todo caso, lo malo de esa buena noticia queda para los propios terapeutas, que nos habíamos creído a pies juntillas que la nuestra era la buena y ahora, además de ver que “otras” también lo son, ni siquiera podemos estar totalmente seguros de por qué y cómo la que aplicamos es eficaz. La cuestión, e incluso enigma, es cómo distintas y distantes terapias son, sin embargo, similares en cuanto a su eficacia. Y esto no quiere decir que no haya algunas más eficaces y eficientes que otras en problemas concretos. El énfasis que quiero poner no es tanto en que todas son eficaces por igual, sino que, por lo que indican los estudios, ninguna deja de serlo en cierta medida. El posible y probable “beneficio adicional” de unas sobre otras no está tan claro y es distinto a como los “creyentes y practicantes” de cada escuela creen.
Es curioso ver como las terapias son entre sí las “otras” o las “demás”. Un terapeuta cognitivo conductual difícilmente puede concebir que, por ejemplo, el psicoanálisis sea eficaz. Para explicarse algo así, el terapeuta seguramente diría que la eficacia se debe a que en realidad están usando técnicas de su enfoque como la exposición o el modelado. Pero el psicoanalista tampoco se explica cómo puede ser eficaz una terapia cognitivo conductual, y también acaba achacando el éxito a la incorporación por parte de ese terapeuta de elementos centrales de las teorías psicodinámicas. Mi explicación, sin embargo, se basa en que si nos fijamos en los factores comunes de todas las terapias entendemos que los problemas humanos en los que consisten los trastornos psicológicos encuentran su contexto de tratamiento apropiado en el carácter humanista inherente a la psicoterapia. Y no me estoy refiriendo únicamente a la terapia humanista (sin menoscabar la influencia de esta escuela). Me refiero al carácter humano que va unido a nuestra profesión, sea cual sea la orientación, por “científica” que se conciba y desafectada que esté de este tipo de consideraciones. Quizá es por eso que el veredicto del pájaro Dodo, de Alicia en el país de las maravillas, según el cual “todos han ganado y deben tener premios” puede aplicarse tantas veces en psicología.
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